La rotundidad volumétrica y la plena monumentalidad que caracterizan al inmueble se alcanzaron definitivamente en la etapa transcurrida entre 1927 y 1928. Durante este bienio, el arquitecto José Pérez Reyna asumió el encargo de diseñar la antigua capilla del complejo e imprimir a las envolventes exteriores el icónico lenguaje neogótico que hoy lo define. Las fachadas exteriores muestran un refinado contrapunto entre sobriedad institucional y riqueza del repertorio neogótico: sobre zócalos y paños almohadillados se suceden rítmicamente vanos con arcos escarzanos y apuntados, enmarcados por estilizadas pilastras adosadas y coronados por un perfil de elegantes pináculos y cornisas labradas que estilizan la silueta del edificio.

En el plano interior, la antigua capilla docente —revertida en la actualidad en el Salón de Actos principal de la universidad— se posiciona como una auténtica joya de la arquitectura sacra historicista aplicada al ámbito civil. Este espacio monumental destaca por la singularidad de sus proporciones, el tratamiento de la luz natural y, de forma muy especial, por un monumental techo artesonado de cuidadísima ebanistería cuyos detalles ornamentales y nervaduras rinden tributo a las grandes soluciones góticas tradicionales.

A comienzos de la década de 1980, la propiedad del inmueble fue adquirida por el Ayuntamiento de Melilla con el firme propósito de dotar a la ciudad de un equipamiento universitario de primer nivel. Para lograr la adecuación de las viejas aulas conventuales a las exigencias académicas modernas, se acometió un ambicioso proyecto de restauración y reestructuración funcional redactado y dirigido por el arquitecto Diego Jiménez Bueno. Tras años de intensos trabajos de acondicionamiento de espacios docentes, biblioteca y dependencias administrativas, el centro fue inaugurado formalmente como sede universitaria en diciembre de 1986.

Scroll to Top