Los orígenes del espacio se remontan a 1912 con la construcción del «Salón de Recreo Kursaal», una provisional estructura de madera proyectada por el célebre arquitecto Enrique Nieto que albergaba una pista de patinaje, café y cinematógrafo. En diciembre de 1929, ante el imparable crecimiento cultural de la ciudad, el propio Nieto proyectó el edificio definitivo en piedra para el empresario Rafael Rico, inaugurándose en 1930. Apenas cuatro años después, en 1934, las instalaciones se ampliaron hacia un solar colindante para incorporar un verdadero escenario teatral, dotando al inmueble de tres plantas articuladas en torno a su acceso por la calle Cándido Lobera, vestíbulo, patio de butacas, anfiteatros, palcos y un foyer superior, alcanzando un aforo total de 1.200 localidades.

Desde el punto de vista monumental y estilístico, el teatro constituye una obra maestra del art déco en la ciudad. Su fachada principal deslumbra por un imponente ventanal curvilíneo flanqueado por pilastras decoradas con motivos geométricos y vegetales. Tras varias intervenciones a mediados de siglo, el inmueble fue adquirido por la Consejería de Fomento y sometido a un ambicioso y modélico proyecto de restauración integral trazado por el arquitecto Rafael García Diéguez, reabriendo sus puertas como el gran coliseo cultural de Melilla.

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