Su origen se remonta a la transformación de la fortaleza tras la incorporación de Melilla a la Corona de Castilla en 1497. Como en muchas ciudades fortificadas de la época, la Plaza de Armas se concibió como un amplio espacio abierto desde el que organizar la defensa, reunir a la guarnición y coordinar la actividad diaria de la ciudad. A su alrededor se fueron levantando edificios militares, religiosos y civiles que configuraron el núcleo del poder dentro del recinto amurallado.

Con el paso del tiempo, la plaza se convirtió en el centro neurálgico de Melilla la Vieja. Desde ella se accede a algunos de los principales monumentos del conjunto histórico, como la Iglesia de la Purísima Concepción, el Hospital del Rey, los museos y las antiguas dependencias militares. Su privilegiada ubicación permite además disfrutar de magníficas vistas sobre las murallas, el puerto y el mar Mediterráneo.

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