Con el paso del tiempo y el cambio de las corrientes artísticas, la iglesia fue ampliada y redecorada durante la época del Barroco, periodo en el que se enriqueció el espacio interior con la incorporación de hermosas capillas, camarines y una serie de retablos barrocos de gran valor histórico y artístico que vinieron a ensalzar la devoción del recinto fortificado.

En su fisonomía exterior, el edificio destaca por el contraste entre la austeridad de sus murallas y su elegante portada clásica de piedra, la cual queda rematada por un frontón triangular con una hornacina que cobija la imagen de la Purísima Concepción. Junto al cuerpo principal se erigen una espadaña y una destacada torre que completan el perfil sacro del primer recinto de la ciudad histórica.

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