Arquitectónicamente, el fuerte destaca por sus rasgos neomedievales y sus características técnicas bien definidas. Presenta una planta poligonal en forma de pentágono irregular, con un frente de cabeza quebrado y una zona posterior (gola) rectilínea. Dispone de tres caponeras o torres con geometría de hexágonos irregulares, dos situadas en el frente con capacidad para artillería y una tercera resguardando la puerta de acceso. Sus muros lucen dos hileras de aspilleras, divididas por una cornisa de ladrillo. Además, las tres torres tienen paredes inclinadas coronadas por arcos parabólicos que hacen las veces de matacanes.

Por dentro, el edificio cuenta con techos abovedados y muros aspillerados, destacando en las torres de la parte trasera una bóveda de crucería de seis tramos. Estéticamente se reconoce por sus muros pintados en color siena tostado, que contrastan con el blanco de sus cornisas y ventanas.

En torno a la fortificación se extienden los Pinares de Rostrogordo, el principal pulmón verde y masa forestal de Melilla. Este entorno natural es el fruto de intensas campañas de reforestación llevadas a cabo a lo largo del siglo XX, las cuales consiguieron repoblar con pinos y vegetación autóctona mediterránea lo que antes era un terreno puramente militarizado.

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