El punto de inflexión definitivo en su historia llegó en el año 1921 a raíz del trágico Desastre de Annual. Ante la grave crisis sanitaria que colapsaba los centros de la ciudad, la llegada de la Duquesa de la Victoria junto a un contingente de enfermeras impulsó la necesidad urgente de espacios asistenciales, logrando que la Junta de Arbitrios destinara el inmueble a este fin. De este modo, un edificio que jamás llegó a estrenarse como centro educativo fue reconvertido de urgencia en un hospital con capacidad para 200 camas para atender la llegada masiva de heridos. Esta encomiable labor hospitalaria y asistencial se mantuvo de forma ininterrumpida hasta principios de los años noventa del siglo XX, consolidando su profunda vinculación con la memoria militar y social de Melilla.

En el plano constructivo, el edificio destaca por su monumentalidad y por una sólida ejecución técnica en la que se empleó piedra de la región, ladrillo macizo y una estructura interna de vigas de acero para sostener las cubiertas. Su distribución espacial se organiza de manera armónica a partir de un imponente bloque central del que se extienden dos alas laterales, articulándose todo el conjunto en una planta baja y un piso principal. Exteriormente, el conjunto deslumbra por elementos como su marcado pórtico con columnas de orden corintio que sostienen terrazas superiores, y un característico cuerpo torreado cuyo muro ciego en planta baja contrasta con la elegante ventana trífora de la planta noble, coronándose con un reloj en el segundo nivel y un campanario en la azotea, además del dinamismo estético aportado por los vanos con arcos planos y escarzanos.

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