Desde la llegada de la Corona de Castilla en 1497, el puerto ha sido un elemento clave para el abastecimiento de la plaza fortificada, el comercio marítimo y las comunicaciones con la península. Durante siglos, por sus muelles llegaron mercancías, viajeros y suministros que garantizaron la supervivencia y el crecimiento de la ciudad, convirtiéndolo en uno de los motores de su evolución histórica.

En la actualidad, la Terminal de Ferry mantiene esa función como principal acceso marítimo a Melilla. Las conexiones regulares con ciudades como Málaga, Almería y Motril permiten viajar cómodamente entre la península y la ciudad, ofreciendo una alternativa que combina transporte de pasajeros y vehículos con la experiencia de navegar por el mar de Alborán.

La llegada por mar ofrece una de las imágenes más espectaculares de Melilla. A medida que el ferry se aproxima al puerto, el visitante descubre el perfil de Melilla la Vieja, las murallas renacentistas, el puerto deportivo y el ensanche modernista, una panorámica que resume la riqueza histórica y paisajística de la ciudad desde una perspectiva privilegiada.

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