A lo largo de la costa se suceden playas de características muy diferentes, todas ellas ideales para el baño, el descanso y la práctica de actividades náuticas. Gracias al clima suave de Melilla, estos espacios pueden disfrutarse durante buena parte del año, convirtiéndose en uno de los principales lugares de encuentro para residentes y visitantes.

Entre las playas más conocidas destacan:

  • Playa de los Cárabos, situada junto al puerto deportivo, muy apreciada por su ambiente familiar y por sus tranquilas aguas.
  • Playa de San Lorenzo (accesible), la mayor y más emblemática de Melilla, con un amplio paseo marítimo, zonas deportivas y numerosos servicios.
  • Playa de Hipódromo, una de las más concurridas durante el verano, ideal para disfrutar del sol y de la amplia oferta de ocio del litoral.
  • Playa de la Hípica, ubicada en el extremo sur de la ciudad, conocida por su gran extensión y por ser escenario habitual de actividades deportivas y eventos en la arena.
  • Ensenada de los Galápagos, una pequeña playa enclavada junto a las murallas de Melilla la Vieja, donde historia y naturaleza se funden en un paisaje único.
  • Cala de Trápana, un rincón de gran belleza situado a los pies del recinto fortificado, perfecto para disfrutar de un entorno más tranquilo y contemplar las murallas desde el mar.
  • Playa de las Horcas Coloradas, es un enclave natural de gran belleza, conocida por su arena dorada y las formaciones rocosas rojizas que contrastan con el azul del mar. Sus aguas suelen ser limpias y tranquilas, lo que la convierte en un lugar agradable para el baño y el descanso en un entorno poco masificado.  Se puede ir a pie con relativa facilidad, aunque el último tramo es más natural y conviene llevar calzado cómodo. No es una playa urbana, ya que se encuentra rodeada de naturaleza y sin edificaciones cercanas, lo que le da un ambiente más tranquilo y auténtico. Es adecuada para ir con los niños, especialmente en días de mar calmada, siempre con la supervisión habitual. 

Además de su valor turístico, las playas de Melilla forman parte de la identidad de la ciudad. Sus arenas doradas, el mar de Alborán y la cercanía de un importante patrimonio histórico permiten disfrutar de una experiencia poco habitual: bañarse junto a fortificaciones renacentistas, recorrer el paseo marítimo y descubrir, en apenas unos minutos, una ciudad que combina naturaleza, historia y cultura.

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