En este proyecto, Nieto demostró una extraordinaria habilidad para intervenir sobre estructuras preexistentes, elevando el nivel de la planta y transformando radicalmente una fachada que había sido diseñada en sus orígenes por un ingeniero militar. Su arquitectura fusiona con maestría la funcionalidad mercantil con la elegancia residencial del centro urbano, destacando como un auténtico símbolo del dinamismo económico y social de la época.

El edificio, compuesto por planta baja y un piso superior con nueve vanos en su fachada, presenta uno de los repertorios de inspiración floral más destacados y delicados de toda la producción de Nieto, impregnado de la estética de la Secesión vienesa. En su fachada, dividida de forma simétrica en tres cuerpos, sobresalen los dos miradores laterales unidos visualmente por el diseño ascendente de sus barandillas. Asimismo, llaman poderosamente la atención las ménsulas que sustentan la composición, en las que se alternan rostros femeninos de expresión serena con exuberantes girasoles y motivos vegetales integrados en la forja y la mampostería.

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