La configuración actual del edificio fue fruto de un ambicioso proceso de reforma motivado por las nuevas alineaciones urbanísticas fijadas durante la creación de la Plaza de España, circunstancia que obligó a adelantar los límites de la parcela y que Nieto aprovechó de forma magistral para ampliar el inmueble elevando dos plantas sobre la estructura preexistente. Situado en una estratégica esquina con fachada a tres calles (Plaza de España, Avenida Juan Carlos I y calle General Marina), el edificio despliega en su elegante fachada curva una exuberancia decorativa fascinante, donde la vanguardia del modernismo catalán se fusiona en perfecta armonía con la identidad arquitectónica melillense.

En la composición exterior del inmueble destaca la riqueza de su repertorio ornamental de inspiración vegetal y geométrica. Entre sus elementos más singulares y representativos sobresalen las expresivas figuras de dos niños sentados que coronan las pilastras principales de la fachada, así como la elaborada forja y carpintería de sus accesos y el dinamismo de sus balconadas. Todo este conjunto de miradores, molduras y motivos florales convierte al edificio en un referente arquitectónico de prestigio internacional.

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