Proyectado en la década de 1910, el edificio corresponde a la primera etapa creativa de Enrique Nieto en Melilla, período en el que el insigne arquitecto introdujo con maestría las corrientes de vanguardia aprendidas durante su formación en Barcelona. En esta obra, Nieto abraza plenamente un lenguaje modernista donde la exuberancia de los motivos florales y las formas orgánicas se combina armoniosamente con el rigor geométrico y el sentido de la simetría característicos de la Secesión vienesa. En su composición exterior prima una estilizada verticalidad, enfatizada por un orden de pilastras adosadas que estructuran rítmicamente la fachada hasta culminar en el pretil superior, donde finos pináculos unidos por trabajos de forja rematan de forma magistral el alzado del inmueble.

El repertorio ornamental del edificio destaca por su minuciosidad técnica y riqueza plástica. En sus paramentos externos llaman la atención las elegantes ventanas geminadas (o bíforas), separadas por finos pilares corintios y enmarcadas por molduras con motivos vegetales de exquisito trazado. La planta baja dialoga con la calle mediante almohadillados y potentes molduras geométricas, mientras que la planta noble presume de elaborados florones y balconadas de forja. El acceso principal, emplazado en la calle Miguel de Cervantes, da la bienvenida a través de una sólida portada de ebanistería que conduce hacia las dependencias superiores, destacando justo encima un balcón de tres arcos de medio punto (trífora) que acentúa el carácter institucional y representativo del conjunto.

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