
Plaza de los Aljibes
Resumen
En esta plaza, también llamada de la Maestranza, pueden verse de derecha a izquierda el túnel de la Marina, los almacenes abovedados de la Maestranza del siglo XVIII, de frente los Almacenes de las Peñuelas, actuales museos de la ciudad, también del siglo XVIII. A la izquierda encontramos los aljibes, una monumental obra de cantería que mantuvo a la ciudad siempre abastecida de agua y que fueron terminados durante el reinado de Felipe II, en 1571.
Datos destacados
- Construidos en el siglo XVI bajo el reinado de Felipe II.
- Cada uno de los depósitos principales supera los 500 m³ de capacidad.
- Incorporaban un avanzado sistema de captación, decantación y filtrado de agua de lluvia.
- Formaban parte del complejo defensivo y del sistema logístico de Melilla La Vieja.
La reserva de agua que garantizó la supervivencia de la fortaleza
En la emblemática Plaza de la Maestranza —también llamada de los Aljibes— se alza la fachada principal de una de las infraestructuras hidráulicas e históricas más importantes de Melilla La Vieja. Al contemplar la plaza, el visitante puede apreciar de derecha a izquierda un rico conjunto patrimonial: el túnel de la Marina, los almacenes abovedados de la Maestranza construidos en el siglo XVIII, y, situado justo de frente, el edificio de los Almacenes de las Peñuelas, también del siglo XVIII y que actualmente alberga los museos de la ciudad.
A la izquierda de este entorno se ubican los célebres aljibes: una monumental obra de cantería que mantuvo a la ciudad siempre abastecida de agua y que fue terminada en 1571, durante el glorioso reinado de Felipe II. En la fachada de este monumental complejo aún pueden distinguirse diversas marcas de cantería, grabadas por los propios maestros constructores para identificar su trabajo y acreditar la cantidad de obra realizada. Entre estos signos esculpidos destacan flechas, cruces de Malta, ángulos y otros símbolos que se conservan con bastante claridad a lo largo del paramento de piedra.
La construcción de estos depósitos cuenta con cuatro accesos estratégicos. Los dos accesos situados en el centro conducen directamente a las bóvedas y depósitos principales, cada uno con una capacidad superior a los 500 metros cúbicos de agua. Por su parte, las puertas laterales dan acceso a los decantadores, que eran espacios específicamente pensados para recoger las aguas de lluvia y depurarlas mediante filtración a través de gruesas capas de arena.
El sistema de captación, conducción y tratamiento del agua diseñado para Melilla era verdaderamente sofisticado para la época. El agua procedente de las cubiertas y tejados se canalizaba de forma eficiente tanto hacia los aljibes domésticos como a una cuidada red de conducciones que desembocaba en una arqueta provista de trampilla. Desde ese punto neurálgico, el flujo podía dirigirse a los decantadores para su posterior almacenamiento y purificación o, en caso de que el agua presentara excesivas impurezas, desviarse directamente hacia el desagüe para no contaminar la reserva principal.
En conjunto, este enclave no solo refleja la destreza técnica e ingenieril del siglo XVI y las ampliaciones del siglo XVIII, sino que representa un testimonio clave de cómo la arquitectura militar y de abastecimiento garantizó la supervivencia y el desarrollo de Melilla a lo largo de la historia.
Claves para entender los Aljibes de la Plaza de la Maestranza
El agua, un recurso estratégico
En una ciudad fortificada sometida a frecuentes asedios, disponer de agua era tan importante como contar con murallas o artillería. Estos aljibes garantizaban el abastecimiento de la población y de la guarnición durante largos periodos de aislamiento, convirtiéndose en una infraestructura esencial para la supervivencia de Melilla La Vieja.
Una obra de ingeniería hidráulica
El complejo incorporaba un elaborado sistema de recogida y tratamiento de las aguas pluviales. El agua procedente de las cubiertas era conducida hasta los decantadores, donde se filtraba de forma natural antes de almacenarse en los grandes depósitos subterráneos, demostrando el elevado conocimiento técnico de la época.
El corazón logístico de la fortaleza
Situados en la histórica Plaza de la Maestranza, los aljibes compartían espacio con almacenes y dependencias militares dedicadas al mantenimiento de la fortificación. Las marcas de cantería que aún pueden observarse en su fachada recuerdan el trabajo de los maestros constructores que hicieron posible una de las infraestructuras más importantes de la historia de Melilla.

